“Hace unos años hice un viaje a Italia. Con otras personas visité varias ciudades. Un día fuimos a Padua. Cuando estaba delante del cuerpo de San Antonio, San Antonio de Padua, sentí algo fortísimo; sentí una vibración muy grande que atravesó todo mi cuerpo. Me revolví por entero. Me puse a temblar. Me ahogaba. Entré en un verdadero estado de trance. Yo me preguntaba interiormente: ¿Pero qué es esto que me está pasando? Supe que no era sugestión, supe también que no era algo inducido por mi parte.
Eso que me ocurrió aquel día lo entendí al cabo de varios años. Comprendí que mi campo energético actual y el de ese ser que llamamos San Antonio de Padua son el mismo, eso no quiere decir que disponga yo de él en exclusiva, ni mucho menos. Eso que me ocurrió, unido a años de observación con mis pacientes -hace treinta años que ejerzo la sanación- me hace decir que lo que se reencarna no es la persona ni la personalidad con su memoria y todo eso; lo que se reencarna, lo que se repite en el tiempo, casi como un patrón calcado, es ese campo energético, esa frecuencia. Yo la puedo sentir aquí ahora mismo. También he podido entrar en contacto con el campo vibratorio de Buda, de Jesús, de Confucio, de San Juan de la Cruz, de muchos más… Lo que te estoy contando ahora no pertenece exclusivamente al terreno religioso y de la mística, pertenece ya al campo de la física, la física cuántica está hablando ahora de todo esto…”
Contado por el Padre Simón de la Flor en un encuentro personal. Octubre 2009.
En la imagen, estructura Metatrón.









